La carrera presidencial en Perú se perfila como una contienda dominada por dos figuras de la derecha política: Keiko Fujimori, hija del expresidente Alberto Fujimori, y Rafael López Aliaga, exalcalde de Lima. Sin embargo, el dato más revelador de las encuestas recientes no es quién lidera, sino la abrumadora proporción de votantes que aún no ha tomado una decisión.
Dos candidatos de derecha encabezan las preferencias
Según las encuestas difundidas por Reuters, Keiko Fujimori y Rafael López Aliaga se posicionan como los principales contendientes para las elecciones presidenciales programadas para abril de 2025. Ambos representan opciones del espectro político de derecha, lo que marca un contraste significativo con los ciclos electorales previos en los que candidatos de izquierda o centroizquierda lograron protagonismo.
Fujimori, quien lidera el partido Fuerza Popular, busca la presidencia por cuarta vez consecutiva. Su trayectoria electoral ha estado marcada por derrotas ajustadas, particularmente frente a Pedro Pablo Kuczynski en 2016 y Pedro Castillo en 2021. La candidata ha enfrentado también procesos judiciales por presunto lavado de activos vinculados a la constructora brasileña Odebrecht, aunque ha negado las acusaciones.
Por su parte, López Aliaga, líder del partido Renovación Popular y exalcalde de Lima, se ha posicionado como una figura conservadora con un discurso enfocado en la seguridad ciudadana y la inversión privada. Su gestión municipal le otorgó visibilidad nacional, aunque también generó controversias por su estilo confrontacional.
La indecisión como factor determinante del proceso electoral
El hallazgo más significativo de las encuestas es que la mayoría de los electores peruanos permanece indecisa. Este fenómeno no es nuevo en la política peruana, donde la fragmentación partidaria y la desconfianza generalizada hacia la clase política han erosionado la capacidad de los candidatos para consolidar bases electorales sólidas.
La alta indecisión representa tanto un riesgo como una oportunidad para todos los candidatos en contienda. En elecciones anteriores, movimientos de última hora en las preferencias del electorado han definido resultados sorpresivos, como ocurrió con la meteórica ascensión de Pedro Castillo en las semanas previas a la primera vuelta de 2021.
Para los analistas del mercado, esta volatilidad electoral genera incertidumbre en los sectores empresariales e inversores. La falta de un favorito claro dificulta la proyección de políticas económicas y regulatorias que podrían implementarse en el próximo gobierno, lo que tiene efectos directos sobre la confianza empresarial y las decisiones de inversión.
Implicaciones económicas para el mercado peruano
El perfil ideológico de los dos candidatos líderes ofrece cierta previsibilidad para los mercados financieros. Tanto Fujimori como López Aliaga han manifestado posiciones favorables a la economía de mercado, la inversión extranjera y la disciplina fiscal, pilares que han caracterizado el modelo económico peruano durante las últimas décadas.
Sin embargo, la incertidumbre política persistente tiene un costo económico real. Perú ha experimentado una inestabilidad institucional considerable en los últimos años, con múltiples cambios presidenciales, crisis constitucionales y protestas sociales que han afectado indicadores clave como el crecimiento del PIB, la inversión minera y la calificación crediticia del país.
La estabilidad del modelo económico peruano dependerá no solo de quién gane las elecciones, sino de la capacidad del próximo gobierno para construir gobernabilidad en un Congreso fragmentado y una sociedad polarizada.
El sector minero, motor fundamental de la economía peruana y principal fuente de exportaciones, observa con atención el proceso electoral. Las políticas hacia la minería, los conflictos socioambientales y el marco regulatorio para nuevas inversiones serán temas centrales en la agenda del próximo mandatario.
Un electorado fragmentado y desencantado
La fragmentación del voto refleja un problema estructural de la democracia peruana. Con múltiples candidatos compitiendo y partidos políticos débiles, la posibilidad de que el ganador de la primera vuelta obtenga un porcentaje relativamente bajo de votos es alta, lo que anticipa una probable segunda vuelta electoral.
El desencanto ciudadano con la clase política se ha profundizado tras los turbulentos años recientes, que incluyeron la destitución de Martín Vizcarra, la breve y caótica presidencia de Manuel Merino, el gobierno de Pedro Castillo —quien fue destituido y encarcelado tras un intento de autogolpe— y la administración de Dina Boluarte, marcada por protestas que dejaron decenas de muertos.
En este contexto, los candidatos enfrentan el desafío de convencer a un electorado escéptico de que pueden ofrecer estabilidad, crecimiento económico y mejoras tangibles en seguridad y servicios públicos. Las próximas semanas serán decisivas para definir si Fujimori y López Aliaga logran consolidar su ventaja o si un candidato inesperado emerge desde la masa de votantes indecisos.
Para los inversionistas y actores económicos, el mensaje es claro: la vigilancia estrecha del proceso electoral peruano será esencial para anticipar los escenarios de política económica que podrían materializarse a partir del segundo semestre de 2025.